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Semblanza - Dr Guizar

In memoriam

Doctor Jesús Guízar Vázquez

(1945-2002)

Florencia Peña Saint Martin
Escuela Nacional de Antropología e Historia, INAH, México
Semblanza publicada originalmente en el Boletín Cultural de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, octubre de 2002

Jesús:

Me tomó por sorpresa la noticia de que habías dejado de habitar este planeta, provocándome una sensación de flotar en el vacío mientras los sentimientos y los recuerdos sobre ti brotaban a borbotones desde algún lugar secreto. Sin duda, para varias generaciones de antropólogos físicos fuiste uno de nuestros Maestros, con bien ganada mayúscula. Allá por 1971, Alma, Marcos, Tina, Víctor y yo compartíamos el sueño de dejar la "antropología física métrica, descriptiva" para convertirnos en verdaderos "científicos". Es estéril juzgar ahora si fuimos o no exitosos en tal empresa; lo que es innegable es que siempre supiste escucharnos y alentarnos en nuestro empeño.

Los "físicos" del 71, más de alguna vez, habremos hecho fruncir el ceño al doctor Carlos Serrano con nuestras protestas y nuestras exigencias de contar con nuevos maestros y programas actualizados para las materias que cursábamos. Carlos era entonces nuestro solidario y paciente jefe de carrera, recién llegado de doctorarse en Francia. Es necesario reconocer que también él fue receptivo a estas exigencias, lo que nos permitió contar con una planta docente de excelencia. Así fue como con el doctor Salvador Armendares organizó el curso de Genética Humana a manera de panel, con todo el personal de la entonces Sección de Genética del Hospital de Pediatría del Instituto Mexicano del Seguro Social, de la que era entonces jefe. El curso fue realmente espléndido, además del mismo doctor Armendares, los doctores Fabio Salamanca, Israel Rostenberg, José Ma. Cantú y tú llegaron a nuestra aula con la mejor de las intenciones de descifrar para nosotros los secretos del ADN y del RNA, de la mitosis y de la meiosis.

El impacto de este curso en nuestra formación fue instantáneo, seguramente todos los del grupo en algún momento habíamos decidido convertirnos en genetistas humanos, convencidos de que científicamente los misterios del fenómeno humano eran aprehensibles a partir del código genético. Salvador, Fabio, Israel, Chema y tú son un recuerdo cariñoso e imborrable en nuestras vidas, pero por razones inexplicables contigo establecimos una relación especial y te pedimos que nos dieras un segundo curso de genética de poblaciones.

Recuerdo con claridad tu agrado y tu sorpresa, así como tu insistencia en que el experto en la materia era Israel y que de ninguna manera podías comprometerte con el curso sin su consentimiento expreso. Con los años he valorado ese gesto honrado y generoso, aunque, desde entonces, de manera instantánea, la lealtad a tu amigo te hizo grande, también como persona, antes nuestros ojos. Por fortuna, nos diste el curso y contigo al frente del aula con gis y borrador en la mano, la Ley de Hardy-Weinberg, los patrones de herencia mendeliana simple y la genética cuantitativa se hicieron magistralmente inteligibles. Así, mientras calculábamos algebraicamente las frecuencias de genes en las poblaciones en equilibrio, se fue construyendo entre nosotros una sólida relación de afecto y solidaridad académica que incontables veces rebasó ampliamente tus compromisos laborales.

Siempre estuviste dispuesto a explicarnos, en clase y fuera de clase, toda duda, con independencia de la materia de que se tratara; nunca escatimaste tiempo y esfuerzo para escucharnos y recomendarnos bibliografía; incluso ideaste enseñarnos los sábados en el Laboratorio de Genética los usos y abusos de las centrífugas, las pipetas, los capilares, a preparar los geles y correr la electroforesis y la inmunodifusión radial simple. Me viene a la mente el entusiasmo con que asumiste un trabajo que yo tenía que hacer sobre especialización celular para otra clase, me recomendaste bibliografía, leíste mis notas, hicimos en clase, todos juntos, diagramas en el pizarrón. Así, los genes represores y aprorrepresores sirvieron para que transmitieras a todo mi grupo el compromiso con la lectura, con el gusto por el conocimiento, con la validez de la opinión informada y responsable, con la creación y recreación de las ideas hasta que ocurriera el proceso de su apropiación.

En aquellos tiempos ya nostálgicos, difíciles de imaginar en el contexto actual de la Escuela, de la "enorme" generación que construimos los cinco que entonces terminábamos la carrera, no fue por causalidad que los tres que finalmente obtuvimos el grado hiciéramos la tesis contigo. Como director de tesis, también fuiste un verdadero Maestro. Conforme fue pasando el tiempo y acumulé experiencia, aprecié más y más tu demanda de total compromiso con la investigación y el involucramiento de nuestro corazón en el tema trabajado. Nos exigiste hacer un verdadero proyecto de investigación para conseguir financiamiento, nos enseñaste el rigor de la investigación científica, el respeto y el cuidado necesarios para el trabajo en el laboratorio, el registro cuidadoso y cotidiano de los datos, la búsqueda de bibliografía nueva en los index, la constancia, el orden y el rigor como única vía de concreción de resultados. Bajo tu conducción no sólo terminé la tesis sino que transformaste sus resultados esenciales en un artículo que se publicó en la revista American Journal of Human Genetics. Nunca olvidaré tu alegría cuando recibiste la carta de aceptación mientras me confesabas que se trataba de "nuestro artículo internacional" --sin que yo entonces entendiera cabalmente su significado--, entusiasmo que, una vez que se publicó, se repetía cada vez que alguien te escribía para pedirte sobretiros.

Recuerdo también esa misma capacidad de gozo en ti cuando ganaste un concurso de ciencia ficción con un cuento genial, profundo y visionario. La historia versaba sobre una operación realizada con tecnología complicadísima modificando DNA como vía terapéutica de tantos males. El "doctor" era una sofisticada computadora de última generación, que en ese momento estaba siendo entrevistada y explicaba con sapientísima precisión los procesos recientemente realizados en un paciente y las potencialidades de la nueva terapéutica; de repente, el entrevistador simplemente le preguntaba: "¿y, entonces, qué es el hombre?" (¿y la mujer?, dirían hoy las feministas), mientras la extraordinaria computadora respondía anodinamente: bip, bip, bip. El entrevistador insistía varias veces, obteniendo la misma respuesta, hasta no poder acallar un simple, largo y continuo: bip, bip, bip, bip, bip, bip, bip, bip, bip, bip, bip, bip.

El cambio en la ubicación de la Escuela --del Museo Nacional de Antropología a Cuicuilco-- y los nuevos intereses dentro de la institución te alejaron de nuestras aulas. Sin duda, se trató de una gran pérdida porque los maestros como tú son realmente excepcionales. Ahora, no sólo has dejado la Escuela sino también el Laboratorio, los amigos, los hijos, Guadalajara, el IMSS, la pareja..., pero no puedes evitar seguir aquí, dentro de nuestros corazones, con el mismo respeto, la misma admiración y el mismo cariño de siempre.

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